Hubo una época en la que tener un feed de Instagram bonito consistía, básicamente, en publicar tres fotos que combinaran entre ellas. Elegías un filtro, procurabas no salirte demasiado de la paleta de colores y, con un poco de planificación, tenías medio trabajo hecho.
Qué tiempos. Y cómo ha cambiado Instagram desde entonces.
Y cuántos formatos ha llegado a adoptar la aplicación en un mismo espacio. Fotografías verticales, carruseles, Reels, publicaciones fijadas y pequeños detalles que parecen llegar cada poco tiempo a la plataforma para hacerla un poco “mejor”.
Pero que nadie se asuste.
Por más novedades que implemente la red social, lo importante continúa siendo esencialmente lo mismo. Conseguir que, cuando alguien entra en tu perfil de Instagram, comprenda tu marca en unos segundos.
Y para ello no basta solo con la estética.
Un buen feed puede (o, mejor dicho, debe) ayudarte a transmitir una identidad visual, explicar rápidamente qué hace tu marca y conseguir que alguien que acaba de aterrizar en tu pequeño mundo virtual quiera seguir mirando…
El feed de Instagram es el conjunto de publicaciones que aparecen en la cuadrícula principal de tu perfil. Es decir, las fotografías, carruseles y Reels que una persona encuentra cuando entra en tu cuenta y empieza a explorar el contenido que has publicado.
Lo aclaramos de entrada porque Instagram utiliza la palabra feed para varias cosas y es fácil terminar hablando de conceptos diferentes.
Por un lado tenemos el feed de inicio, que es la pantalla por la que haces scroll cuando abres la aplicación y donde aparecen publicaciones recomendadas combinadas con posts de las cuentas que sigues.
Y por otro tenemos el feed de tu perfil, tu escaparate, que es el que nos interesa en este artículo.
Una persona puede descubrirte por un Reel, una recomendación, una búsqueda o una publicación compartida por otra cuenta. Pero cuando entra en tu perfil, deja de ver una publicación aislada y empieza a ver tu marca en conjunto.
Ahí es donde el diseño y la estrategia empiezan a tener un peso importante.
Vamos a quitar de en medio una idea antes de empezar. No necesitas convertir tu Instagram en una obra de arte para que tu presencia en la red social tenga sentido y te ayude a cumplir tus objetivos como marca.
De hecho, si para mantener una composición perfecta tienes que dejar de publicar una fotografía interesante porque “rompe el feed”, probablemente estamos llevando el diseño demasiado lejos. Además, si te preocupa, desde mediados de 2026 puedes reorganizar las publicaciones a tu antojo.
Sea como sea. Hay que tener claro que para tener un buen feed en Instagram nuestro objetivo nunca debería ser conseguir que alguien piense “no sé por qué, pero todo esto es muy bonito”.
Lo que realmente deberíamos perseguir es que nuestras publicaciones tengan suficiente coherencia visual como para que alguien pueda reconocer que pertenecen a tu marca incluso antes de leer el nombre de usuario.
Debemos jugar con colores, tipografías, fotografías, composiciones, ilustraciones, tono visual… Todo es importante.
Y aquí aparece el verdadero reto. Diseñar una publicación aislada que funcione es relativamente sencillo. Mantener una identidad visual durante semanas o meses sin que el perfil termine pareciendo repetitivo es otro nivel.
Por eso, y este es nuestro principal consejo como profesionales del sector, antes de empezar a colocar fotografías como si estuviéramos jugando al Tetris, conviene tomar algunas decisiones estratégicas.
Ya hemos hablado en otras ocasiones en nuestro blog de la importancia que tiene el diseño para construir la identidad de una empresa. Y nuestro perfil de Instagram es uno de esos espacios donde este departamento tiene mucho que decir.
Si queremos que alguien sea capaz de reconocer nuestra marca incluso antes de leer nuestro nombre, necesitamos mantener cierta coherencia entre publicaciones.
Nuestro primer consejo es trabajar con una paleta de colores definida. No hace falta que sea especialmente compleja. Unos pocos colores que tengan sentido con nuestra identidad corporativa y que podamos utilizar de forma recurrente serán suficientes.
Eso no significa que absolutamente todas las fotografías tengan que contener exactamente el mismo azul o que debamos aplicarles un filtro hasta conseguirlo. Desde un punto de vista de diseño, nos interesa mucho más la coherencia que la uniformidad.
Cuando observamos varias publicaciones juntas, deberían sentirse parte del mismo universo visual.
Con las tipografías recomendamos seguir una filosofía parecida. Pocas y con una función bien definida.
Podemos utilizar un tipo de letra para titulares, otro para textos secundarios y poco más. Lo importante es establecer cierta jerarquía y mantenerla cuando vayamos creando nuevas publicaciones.
Instagram no es el mejor lugar para demostrar que tenemos instaladas 247 tipografías.
Este es uno de los elementos en los que solemos fijarnos menos y, según nuestra experiencia, uno de los que más puede ayudar a dar coherencia al conjunto.
¿Nuestras fotografías serán luminosas? ¿Tendrán mucho contraste? ¿Utilizaremos fondos neutros? ¿Primeros planos? ¿Fotografía de producto? ¿Personas?
Nuestro consejo es tomar estas decisiones antes de empezar a publicar y convertirlas en parte del lenguaje visual de la marca.
Dos fotografías pueden tener colores completamente diferentes y, aun así, parecer de la misma empresa si comparten un mismo criterio fotográfico.
Por último, recomendamos identificar aquellas publicaciones que sabemos que vamos a repetir.
Podemos tener una portada para los Reels, otra para los carruseles educativos, una composición para presentar productos, otra para testimonios…
Aquí sí podemos ayudarnos de herramientas como Canva, Figma o Claude Design para crear varias plantillas y reutilizarlas. Eso sí, una plantilla debería servirnos como punto de partida y no convertirse en una limitación cada vez que queramos publicar algo diferente.
La gracia está precisamente en eso. Crear un sistema que nos ahorre trabajo, no uno que nos obligue a dedicar dos horas a cada publicación.
Ahora sí. Llegamos a la parte divertida. Antes de empezar, una pequeña advertencia. Muchas de las composiciones que veremos a continuación se popularizaron cuando Instagram mostraba una cuadrícula formada por cuadrados perfectos.
Eso ha cambiado.
Los formatos verticales tienen ahora mucho más protagonismo y algunos de estos diseños clásicos necesitan adaptarse a la cuadrícula actual. La idea sigue siendo perfectamente válida. La forma de ejecutarla es la que tendremos que actualizar.
Teniendo esto en cuenta, vamos con algunas ideas.
Empezamos por una de las opciones más sencillas y, también, una de las más fáciles de mantener. La idea consiste en escoger una paleta de colores y conseguir que aparezca de manera recurrente en nuestras publicaciones.
No significa que todas las fotografías tengan que ser del mismo color. Podemos introducir nuestra paleta mediante fondos, objetos, ropa, ilustraciones, tipografías o pequeños elementos gráficos.
También podemos trabajar la edición fotográfica para conseguir que imágenes tomadas en momentos y lugares diferentes compartan una temperatura o un tratamiento similar.
Aquí nuestro consejo es no obsesionarse.
Si un día tenemos una fotografía fantástica que no contiene ninguno de nuestros colores corporativos, no hace falta descartarla porque «rompa el feed». Podemos editarla ligeramente, introducir algún elemento gráfico o, simplemente, publicarla.
Coherencia no significa uniformidad.
Precisamente por esa flexibilidad, es uno de los estilos que más recomendamos si vas a gestionar tú mismo el perfil y no quieres que cada publicación se convierta en un pequeño problema de diseño.
Llevemos la idea anterior un poco más lejos. En un feed arcoíris no mantenemos siempre la misma paleta. Vamos cambiando progresivamente el color predominante de nuestras publicaciones para crear una transición cuando observamos el perfil completo.
Podemos empezar por tonos rojos, avanzar hacia los naranjas, pasar por amarillos, verdes, azules…
El resultado puede ser espectacular.
Eso sí, para conseguir una transición que funcione necesitamos saber qué vamos a publicar después. No podemos estar trabajando una semana con tonos azules y saltar de repente al naranja porque tenemos una fotografía que queremos subir esa tarde.
Eso implica preparar contenidos con antelación y tener cierto dominio de la edición fotográfica.
Se puede hacer perfectamente sin ser diseñador, pero exige bastante más planificación que mantener una única paleta de colores.
Si eres de los que decide a las nueve de la mañana qué va a publicar a las diez, probablemente no sea lo más recomendable para tu perfil.
La propia cuadrícula de Instagram nos permite trabajar nuestras publicaciones en pequeños grupos.
En un feed por filas, varias publicaciones consecutivas comparten una temática, una estética o forman parte de una misma composición.
Podemos dedicar una fila a presentar un producto, otra a una campaña concreta y otra a contenido educativo.
Visualmente puede funcionar muy bien, pero tiene una peculiaridad importante. El efecto completo solo aparece cuando hemos publicado todas las piezas.
Por eso desde diseño nos hacen una recomendación que repetiremos varias veces a lo largo de este artículo.
Cada publicación debería funcionar también por separado.
Si necesitamos tres imágenes para explicar algo, perfecto. Lo que intentaríamos evitar es publicar dos fotografías que no aportan absolutamente nada por sí solas únicamente porque, colocadas junto a una tercera, forman una composición muy bonita.
Nuestro feed importa, pero no podemos olvidar que buena parte de nuestros seguidores verá esas publicaciones de manera individual.
Imagina que utilizamos la columna central de nuestro feed para publicar siempre contenido educativo y dejamos las dos laterales para fotografías.
Ya tenemos un feed por columnas.
La idea es reservar cada una de las tres columnas para un tipo de contenido o un estilo visual determinado y mantener ese patrón a medida que vamos publicando.
Podemos separar fotografías de producto, contenido educativo y publicaciones corporativas. O utilizar colores, fondos y diseños diferentes para distinguir cada espacio. Cuando está bien planteado, conseguimos que el usuario identifique rápidamente los diferentes tipos de contenido y, además, generamos un patrón visual bastante reconocible.
La dificultad está en respetar el orden necesario para que cada publicación termine en la columna que habíamos previsto.
Por eso desde Tekla no recomendamos ser excesivamente rígidos con este tipo de estructuras.
Si un día necesitamos comunicar algo importante y no podemos hacerlo porque “ahora toca una fotografía”, hemos construido un sistema que empieza a jugar en nuestra contra.
El diseño debe ayudarnos a comunicar mejor. No decidir qué podemos comunicar.
Otro de los grandes clásicos. El feed ajedrez funciona alternando dos tipos de publicaciones para crear un patrón visual similar al de un tablero.
Una fotografía y una creatividad.
Claro y oscuro.
Producto y texto.
Color y blanco.
Es una estructura relativamente sencilla de preparar y, una vez hemos definido nuestras plantillas, también bastante fácil de mantener. Eso la convierte en una opción interesante para marcas que generan diferentes tipos de contenido de forma recurrente.
El principal riesgo que vemos desde diseño es que la estructura termine siendo demasiado evidente.
Si durante un año alternamos exactamente la misma plantilla de texto con exactamente el mismo tipo de fotografía, tendremos un feed muy coherente. Quizá demasiado.
Podemos mantener el patrón y jugar con las composiciones, las fotografías, las jerarquías o pequeños elementos gráficos para evitar que nuestro perfil parezca una plantilla repetida hasta el infinito.
Aquí empezamos a complicar un poco las cosas. Un feed diagonal utiliza diferentes tipos de publicaciones para crear líneas visuales que atraviesan la cuadrícula.
Podemos construirlas mediante colores, fotografías, fondos, categorías de contenido o cualquier otro elemento suficientemente reconocible.
Cuando funciona, el resultado puede ser muy atractivo.
Cuando falla una publicación, parece que alguien ha movido una pieza del puzzle.
Para mantener este tipo de composición necesitamos planificar varias publicaciones por adelantado y saber aproximadamente dónde terminará cada una. Y aquí aparece una de esas fronteras donde uno aprende que diseñar un feed empieza a ser algo más que saber utilizar Canva o Claude Design.
Necesitamos planificación, criterio visual y un sistema que nos permita introducir nuevos contenidos sin romper todo lo que habíamos construido anteriormente.
No significa que no podamos hacerlo nosotros mismos. Simplemente tendremos que dedicarle más tiempo.
Una última recomendación antes de empezar. Tanto si eres diseñador o Community Manager como si simplemente quieres diseñar tu propio feed de Instagram, no pienses únicamente en la cuadrícula. Piensa primero en lo que quieres comunicar.
Define qué tipo de contenidos vas a publicar y qué papel tendrá cada uno dentro de tu estrategia. Después podremos pensar qué tratamiento visual queremos darle y cómo conseguiremos que todo aquello que publicamos tenga cierta coherencia.
Prepara seis, nueve o doce piezas y colócalas juntas antes de publicarlas. Es una forma muy sencilla de detectar problemas que pasan desapercibidos cuando diseñamos cada creatividad de manera aislada. Quizá tenemos demasiado texto. Demasiadas fotografías parecidas. Un color que aparece constantemente. O tres publicaciones visualmente muy pesadas una al lado de la otra.
Y después haz el ejercicio contrario. Mira cada publicación por separado.
¿Sigue teniendo sentido si nunca llegamos a ver las otras ocho?
Instagram no se consume únicamente entrando en perfiles. Nuestras publicaciones aparecerán entre Reels, Stories, recomendaciones y contenidos de otras cuentas. La composición general puede ayudarnos a construir marca, pero nunca debería convertir una publicación individual en algo incomprensible.
A partir de aquí toca probar.
Si vas a hacerlo tú mismo, nuestro consejo es empezar por algo sencillo. Una buena paleta de colores, un criterio fotográfico reconocible y unas pocas plantillas bien trabajadas pueden dar mucho más juego del que parece.
Siempre habrá tiempo para complicarlo. La dificultad no está en conseguir que nueve publicaciones queden bonitas juntas. Está en construir un sistema visual que podamos mantener durante meses, que siga representando nuestra marca y que nos permita comunicar sin estar pensando constantemente si la siguiente publicación nos va a romper el feed.
Y ahí es donde dejamos de hablar simplemente de tener un Instagram bonito y empezamos a hablar de diseño.