Síguenos en: LinkedIn
mantenimiento
Shopify
tienda online
Consultoría

Mantenimiento Shopify: qué puedes hacer tú y qué conviene dejar en manos de una agencia

Hace un par de meses llegó a Tekla un ecommerce gestionado con Shopify que, sobre el papel, era correcto. La web cargaba perfectamente, los pocos pedidos que tenían entraban sin problema y nada parecía roto.

Pero el dueño tenía la sensación de que su ecommerce podría ir un poco mejor.

Así que nos pidió una auditoría técnica. Nos sentamos frente al ordenador y, a los cinco minutos, ya empezamos a ver cosas que no cuadraban. Apps instaladas “por si acaso”. La plantilla toqueteada con ayuda de ChatGPT. Decisiones técnicas importantes pospuestas por puro desconocimiento.

Nada raro. De hecho, bastante habitual.

Y no, no es un problema de Shopify. Es un problema de no tener claro quién debe encargarse de qué dentro de un ecommerce. Que sí, que Shopify, a diferencia de muchas otras opciones, no necesita un informático en plantilla. Pero a ver… como dice el refrán: ni tanto ni tan calvo.

En Tekla somos Shopify Partners oficiales y trabajamos a diario con negocios que están en puntos muy parecidos. Y si bien es cierto que hay muchas cosas en Shopify que uno puede hacer, también hay muchas otras que siempre aconsejamos delegar.

En este artículo encontrarás una pequeña guía práctica que traza la fina línea entre lo que debería gestionar el dueño de un ecommerce y aquello que debería formar parte del territorio de una agencia de marketing y desarrollo web.

Puesta a punto de la tienda

La respuesta corta es esta: sí, gran parte de la puesta a punto de una tienda Shopify la puedes hacer tú.

Shopify está pensado precisamente para eso. Puedes gestionar productos, colecciones, precios, textos e imágenes, y comprobar que el proceso de compra funciona sin necesidad de conocimientos técnicos. Mientras te muevas ahí, el riesgo es bajo y el control es tuyo.

Es decir, si tienes un perfil social y desde ahí mandas tráfico a tu web, tienes prácticamente todo lo que necesitas para vender.

Los dolores de cabeza vienen cuando buscas otras fuentes de tráfico, que llevan inevitablemente a pequeños ajustes técnicos que no se ven, pero sí afectan a cómo funciona la tienda por dentro. Ahí es donde muchas tiendas se quedan a medias. No porque el dueño haga nada mal, sino porque llega un punto en el que ya no es evidente qué conviene tocar y qué no.

Por eso, aunque puedas encargarte de una buena parte de la puesta a punto, si tu objetivo es que tu negocio crezca, en algún momento vas a tener que delegar. No para tocarlo todo, sino para asegurarte de que la base de la tienda está limpia, ligera y preparada para crecer sin fricciones.

Marketing y contenido (donde el negocio manda, pero no improvisa)

Una cosa son las ventas. Y de eso debería hacerse cargo la empresa.

Conocer el producto, ajustar precios, entender márgenes y saber qué se vende y qué no. Sin esta base, no hay nada que funcione.

Lo siguiente es escalar. No para inventar ventas, sino para multiplicar las que ya existen.

Y aquí es donde conviene ser honestos. Hay una parte que como negocio puedes —y debes— liderar tú. Nadie conoce mejor tu producto ni a tu cliente

El problema aparece cuando se intenta multiplicar sin método. Cuando todo se convierte en una suma de acciones sin estrategia. Que si vídeos en TikTok. Que si presencia en Pinterest. Que si vamos a vender por Amazon. Ahí muchas tiendas se quedan a medias. No porque falte trabajo, sino porque falta dirección.

Una agencia de marketing no debería decirte qué vender. Pero sí ayudarte a vender más. A darle estructura a lo que ya funciona, a ordenar el SEO, a optimizar fichas de producto y a asegurarse de que cada acción multiplica en lugar de dispersar.

Por eso, en marketing y contenido el control es compartido. El negocio se encarga de vender. El marketing, de multiplicar. Y cuando el objetivo es crecer de verdad, apoyarse en profesionales suele ser una de las decisiones más rentables.

Apps y funcionalidades

Shopify lo pone muy fácil para añadir funcionalidades. Demasiado fácil.

Un popup, una suscripción, un contador, un upsell, un traductor. Para casi todo hay una app. La instalas, funciona… y sigues adelante.

Y sí, probar apps lo puedes hacer tú. Es parte natural del día a día de cualquier ecommerce.

La cosa se tuerce cuando las apps empiezan a sustituir al criterio. Una para esto, otra para aquello, otra “porque lo leíste en un post random de LinkedIn”. Sin darte cuenta, la tienda acaba dependiendo de diez herramientas que nadie ha revisado en conjunto.

A partir de ahí empiezan lo que en Tekla llamamos “efectos secundarios”. La web carga más lenta, el checkout falla en móvil, algunas apps se pisan entre sí o hacen cosas que ya resolvía la propia plantilla. Nada se rompe del todo, pero todo funciona un poco peor.

Y lo más incómodo es que muchas veces no sabes de dónde viene.

Aquí es donde apoyarse en alguien con experiencia suele salir rentable. No para añadir más capas, sino para simplificar.

Ads y captación de tráfico (donde se quema dinero muy rápido)

Poner anuncios es fácil. Hacer que funcionen, no tanto.

Crear campañas en Meta o Google está al alcance de cualquiera. Presupuesto, anuncios, clics… todo eso lo puedes gestionar tú. Y es normal empezar así.

Pero los anuncios no venden por sí solos. Y lo peor es que cualquier error repercute directamente en tu bolsillo. Si la tienda no está bien afinada, si el mensaje no está claro o si el proceso de compra tiene fricciones, los Ads no lo van a arreglar. Lo único que hacen es acelerar el gasto.

Muchas tiendas entran entonces en una dinámica peligrosa. Se sube presupuesto, se cambian anuncios, se prueban formatos nuevos… pero nadie se detiene a revisar si la base acompaña.

Trabajar Ads con criterio no va solo de creatividades o segmentación. Va de leer datos, medir bien y ajustar la tienda en función de lo que el tráfico está diciendo. Y eso ya no es tan intuitivo.

Por eso, aunque lanzar campañas lo puedes hacer tú, optimizarlas para que sean rentables suele requerir experiencia.

Mantenimiento continuo

Aquí pasa algo curioso. Cuando una tienda falla, todo el mundo se mueve rápido. Cuando funciona, nadie la toca.

Y Shopify está diseñado justo para eso: para que todo funcione sin darte demasiados problemas. El riesgo no está en no hacer cambios, sino en no revisar nunca.

Porque un ecommerce no se estropea de golpe. Se va desajustando poco a poco. Una app que se queda obsoleta. Un cambio en la plantilla. Una campaña que trae un tipo de tráfico distinto. Pequeñas cosas que, sumadas, afectan al rendimiento sin que nadie sepa muy bien por qué.

El mantenimiento continuo no va de tocar la tienda cada semana ni de vivir pendiente de ella. Va de tener a alguien que revise con criterio, que detecte desviaciones y que te avise antes de que algo se convierta en un problema real.

Ahí es donde muchas empresas encuentran el equilibrio. Se centran en vender y en hacer crecer el negocio, y delegan la supervisión técnica para asegurarse de que todo lo que han construido sigue jugando a favor.

Porque al final, el mejor mantenimiento es el que evita sustos. Y el que te permite crecer sin tener que empezar de cero cada vez.